A veces pienso que no basta con que nos enseñen a leer, a escribir, sumar, restar… creo que es necesario que nos enseñen a querer. Lejos de querer parecer un sermón de cura de domingo es algo a lo que he estado dando vueltas estos días.
Siempre pienso que las reglas de las relaciones se las marcan sus participantes, no estoy hablando sólo de las amorosas que también, sino de todas aquellas relaciones en este caso que tienen un resquicio de afectividad, cariño o amor. Son reglas no escritas que están ahí y que sabes que en tal caso que eso ocurra puede que la otra persona no lo perdone. Por eso no me gusta juzgar desde fuera tal o cual acción sin saber si los miembros de esa relación la permiten o no. Siempre y cuando ambos las acepten y sean consicientes de ello.
Pero últimamente y hoy en especial siendo el día que es, creo que toca reflexionar sobre como queremos o amamos. Siempre me gusta pensar que yo quiero sin condiciones, y sin prejuicios, sin que nada ni nadie me lo manden y sobre todo porque quiero querer. Eso es, quiero a la gente que quiero porque me sale y porque el corazón late para ellos sin ninguna predisposición por mi parte para que lo haga. Por eso, saliendo de dentro y sin condiciones previo pago no creo en el querer subordinado a reglas, normas o personas.
No quiero que me quieran porque soy familia y me tienen que querer, ni tampoco quiero que me quieran porque soy rubia o morena o porque me guste el chocolate. Quiero que me den un poco de todo su querer porque creen que me lo merezco por quien soy, y en mis manos queda esa responsabilidad de hacer con ese querer lo que quiera.
Por eso no quiero que quieran a las mujeres como muchos hombres dicen quererlas, porque creo que eso no es querer. No quiero que disfracen de rosas y bombones, cardenales de noches enrabietadas. Pero si que quiero que ellas se quieran, que se cuiden y que dejen de lado príncipes azules que cobran lágrimas por aduana de amor.
Por todo eso les regalo sin condiciones un poquito de todo mi amor.
Siempre pienso que las reglas de las relaciones se las marcan sus participantes, no estoy hablando sólo de las amorosas que también, sino de todas aquellas relaciones en este caso que tienen un resquicio de afectividad, cariño o amor. Son reglas no escritas que están ahí y que sabes que en tal caso que eso ocurra puede que la otra persona no lo perdone. Por eso no me gusta juzgar desde fuera tal o cual acción sin saber si los miembros de esa relación la permiten o no. Siempre y cuando ambos las acepten y sean consicientes de ello.
Pero últimamente y hoy en especial siendo el día que es, creo que toca reflexionar sobre como queremos o amamos. Siempre me gusta pensar que yo quiero sin condiciones, y sin prejuicios, sin que nada ni nadie me lo manden y sobre todo porque quiero querer. Eso es, quiero a la gente que quiero porque me sale y porque el corazón late para ellos sin ninguna predisposición por mi parte para que lo haga. Por eso, saliendo de dentro y sin condiciones previo pago no creo en el querer subordinado a reglas, normas o personas.
No quiero que me quieran porque soy familia y me tienen que querer, ni tampoco quiero que me quieran porque soy rubia o morena o porque me guste el chocolate. Quiero que me den un poco de todo su querer porque creen que me lo merezco por quien soy, y en mis manos queda esa responsabilidad de hacer con ese querer lo que quiera.
Por eso no quiero que quieran a las mujeres como muchos hombres dicen quererlas, porque creo que eso no es querer. No quiero que disfracen de rosas y bombones, cardenales de noches enrabietadas. Pero si que quiero que ellas se quieran, que se cuiden y que dejen de lado príncipes azules que cobran lágrimas por aduana de amor.
Por todo eso les regalo sin condiciones un poquito de todo mi amor.


